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Notas - Sociales

Domingo de La higuera estéril [30/11/2014]

                                             Evangelio según San Lucas
                                                         Capítulo 13:1-9

1 En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. 2 Les respondió Jesús: "¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? 3 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. 4 O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? 5 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo." 6 Les dijo esta parábola: "Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. 7 Dijo entonces al viñador: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?" 8 Pero él le respondió: "Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, 9 por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas."


                                                                   Ser fructífero

La pregunta que trata de contestar la parábola es esta: ¿A Dios le importan los resultados? ¿Sí o no? Sí, a Dios le importan los resultados. A Dios le importa la eficacia. A Dios le importa el desempeño. Aquí la palabra que comprende todo esto es fruto, el fruto. A Dios le importa que seamos fructíferos. Ser fructífero aquí significa hacer buenas obras. Buenas obras, obediencia, una vida cambiada, un estilo de vida que marca la diferencia, la clase de vida donde si Ud. se muere la gente lo extraña porque Ud. era un regalo de Dios para ellos. Era un medio por el cual fluía la gracia de Dios hacia ellos. Les daba sabiduría y generosidad, o su ayuda y servicio, o reprensión y ánimo. Una vida en la que Ud. daba y era fructífero; una vida que contaba para algo, donde Ud. no era un consumidor únicamente, sino un productor; una vida en la que no tomaba para sí de todos y de todo, sino en la que daba y la gente era bendecida por medio de Ud.
Es muy diferente a la religión. La religión enseña que somos salvos por nuestro fruto. Somos salvos por las buenas obras; si vivimos moralmente y somos personas buenas y decentes, cuando estemos delante de Dios al fin y al cabo seremos agradables a sus ojos. Básicamente la esencia de toda religión es la misma: esforzarse mucho para producir mucho fruto, y después Dios juzga a la gente en una balanza, y si se portan mejor que la mayoría de los demás, serán agradables a sus ojos. Eso no lo creemos nosotros. En lo absoluto.
No es solo pertenecer a Jesús e ir al cielo. Es pertenecer a Jesús, vivir una vida fructífera, e ir al cielo a recibir un galardón eterno. Su vida cuenta, su vida cuenta, su vida es importante. Dios tiene frutos que desea producir en Ud. Tiene buenas obras para que las haga. Tiene cosas que quiere que logre. No para que se vuelva cristiano, sino porque ya lo es. No para que sea agradable a sus ojos, sino porque en Cristo Ud. ya lo es.
Efesios 2:8–10 lo dice de esta manera: “Únicamente somos salvos por gracia por medio de la fe en Cristo. Es un don que no se puede ganar, no podemos jactarnos de nada”. Eso es lo que dice Efesios 2:8–9, y después en Efesios 2:10 dice, “fuimos creados para hacer las buenas obras que Él preparó de antemano para que anduviéramos en ellas”. Por lo tanto, no somos salvos por las buenas obras, o como dice la parábola, por nuestros frutos, somos salvos para nuestras buenas obras y para ser fructíferos. Al conocer a Jesús debemos ser cada vez más fructíferos cada año de nuestra vida, demostrando el carácter, el amor, el afecto, y la generosidad de Dios porque estamos en Cristo. Y en otra parte Jesús dijo, “Si permanecéis en mí, yo permaneceré en vosotros y daréis mucho…” ¿qué? Fruto. Fruto que perdura.
Ahora, por la providencia de Dios estamos estudiando esta porción en Lucas, y es la temporada del año en la que todo el mundo reflexiona sobre el año anterior. Examinamos aquellas áreas que no fueron fructíferas.
También podemos contemplar nuestra vida y preguntarnos, ¿Cuántos higos produjo mi árbol el año pasado? ¿Cuántos higos había en mi árbol? ¿Fui fructífero? ¿Produje buen fruto el año pasado?”. Algunos de Uds. fueron muy fructíferos, alabado sea Dios, y por la gracia de Dios serán más fructíferos este año. Oramos y esperamos que así sea. Algunos de Uds. dirán: “Hubo áreas muy fructíferas en mi vida”. Pues regocíjense por esas áreas, alaben a Dios por cada higo. Como todos somos pecadores y vivimos en un mundo caído, supongo que al menos habrá algunas ramas de nuestro árbol que no fueron muy fructíferas el año pasado.
He orado por Uds. para que este año el Espíritu Santo les señale cualquier aspecto de sus vidas que necesite ser más fructífero. Aquí es donde nos proponemos hacer algo. Pero los propósitos de Año Nuevo en realidad no funcionan. Estadísticamente duran dos semanas y se acaban. No estamos hablando de ponernos propósitos. Estamos hablando de llevar una vida fructífera. Son dos cosas muy distintas. Una vida fructífera se basa en una relación con Dios, y el amor de Dios que ayuda a beneficiar a otras personas así como Jesús nos ama, nos bendice, y nos ayuda.
¿Qué significa para Ud.? ¿Qué le ha señalado Dios el Espíritu Santo de lo que no hizo el año pasado que debería hacer este año? ¿Más fruto en su matrimonio? ¿Más fruto en sus estudios, o en el colegio? ¿Más fruto en su trabajo? ¿Más fruto en sus finanzas? ¿Más fruto en su ministerio? ¿Más fruto en su lectura de la Biblia? ¿Más fruto en sus relaciones difíciles o en las relaciones tensas que tiene con sus amigos? ¿Su salud, su peso, su bienestar, qué es? No lo sé. Pero si desea aprovechar esto, tendrá que determinar dónde sacar más fruto y aumentarlo; tome los principios de esta parábola y aplíquelos individualmente a ese aspecto de su vida.

                                                       Esperanza para los infructuosos

Pero en la historia viene alguien y dice, “¡Córtenla!”. ¿No es cierto? Básicamente dice, “No sirve para nada; échenla al fuego”. Al leer la historia, reconozco que soy así. Hay tres cosas que me gusta obtener: resultados, resultados, y más resultados. Son mis tres cosas favoritas, ¿de acuerdo? Así que al leer la historia, si hubiera dicho: “¡El viñador vino y dijo que la cortaran! ¿Por qué ha de inutilizar también el suelo? ¿Por qué dejar que consuma los recursos?”… Es que algunos de Uds. usan los recursos y no hacen nada. Lo primero que se me ocurre es, “no están funcionando, ¡acabemos con esto!”. No están produciendo fruto, ¡al paredón!”. ¿No es cierto? Si la historia hubiera terminado diciendo, “¡Córtenlo!”, yo hubiera dicho, “Vaya, que historia tan buena”.
Pero saben qué, menos mal que Dios no es como yo. Dios no es como yo… me alegro que Dios no sea como yo, ¿no es cierto? Al contrario, si lo fuera, yo no estaría aquí. Porque en vez de decir, “¡córtenlo!”, Dios viene y dice, “Le daré más tiempo”. ¿No les parece maravilloso? Algunos de Uds. están aquí y se preguntan: “¿Dios estará enojado conmigo? ¿Dios estará enojado conmigo? ¿Hasta aquí habré llegado con Dios?”. Se imaginan a Dios con un hacha y su agenda. ¿No tienen higos? ¡Córtenlos, córtenlos y mándenlos al infierno!”, Mejor dicho, ¡Ah! ¿Ya es demasiado tarde?”. No, si Ud. todavía está respirando Dios no ha acabado con Ud. Le ama; todavía tiene esperanza.
Miren, Dios no es como yo. Dios es santo, lo cual significa que es diferente. Él es bueno y ve las áreas de sus vidas que no han producido fruto, donde no han logrado hacer lo que debían hacer. Dios quiere animarlos hoy. Dios quiere amarlos hoy. Dios quiere servirles hoy. Dios quiere ayudarles hoy. Dios quiere que oigan la voz de Jesús que les dice, “No, no vamos a cortarlo. Le pondré más empeño”. ¿No les parece es asombroso? ¿No es asombroso?
Aunque Dios es paciente con nosotros, y lento para la ira, no nos va a soportar para siempre. Debemos esforzarnos y estar en los negocios de nuestro Padre. Sin embargo, les está dando una palabra de aliento hoy; la esperanza y el corazón de Dios no es cortarlos y echarlos al fuego. Dios en su corazón quiere darles más tiempo para que Él haga su obra en Uds., con Uds., y por medio de Uds., porque Dios quiere que compartan con Él el gozo de ser fructíferos. Anímense, tengan esperanza, Dios es bueno. Por eso me encanta esta historia. No era lo que yo esperaba.

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