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Notas - Sociales

Fe-Comunión-Humildad [14/12/2014]

Evangelio según San Lucas

CAPÍTULO 17: 1-10

La gravedad del escándalo

 

Mateo 18, 6-10 / Marcos 9, 42-48

17:1 Después dijo a sus discípulos: "Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! 17:2 Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños. 17:3 Por lo tanto, ¡tengan cuidado!


Mateo 18, 15-18

Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. 17:4 Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: "Me arrepiento", perdónalo". 

 

El poder de la fe


17:5 Los Apóstoles dijeron al Señor: "Auméntanos la fe". 17:6 Él respondió: "Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: "Arráncate de raíz y plántate en el mar", ella les obedecería. 

 

La parábola del servidor humilde


17:7 Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: "Ven pronto y siéntate a la mesa"? 17:8 ¿No le dirá más bien: "Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después"?  17:9 ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó? 17:10 Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: "Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber"".

 

 

7 «¿Quién de ustedes tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: “Pasa al momento y ponte a la mesa?” 8 ¿No le dirá más bien: “Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?” 9 ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? 10 De igual modo ustedes, cuando hayan hecho todo lo que les fue mandado, digan: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer.»

Reflexión:

Cuántas veces sentimos que debíamos recibir una recompensa por lo que hemos hecho, por lo bien que nos portamos, por lo bien que obramos. Es más, en muchos sitios está instituida la costumbre de dar una recompensa a quien hace lo que tenía que hacer. Por devolver un dinero encontrado, o cualquier documento o prenda, se ofrecen recompensas y ciertamente muchos las esperamos. No parece una mala costumbre. Hasta nos parece justa. Incluso algunos recomiendan en la educación de los niños recompensarlos de algún modo cuando hacen sus deberes, cuando se portan bien, cuando obedecen. ¿Es esta una práctica correcta? Veamos qué nos dice la pedagogía del Maestro. Antes que nada reparemos en un detalle que nos revela Jesús: Dios nos amó primero. Él nos ama, no por nada que hayamos hecho, no por algún mérito alcanzado, no porque seamos obedientes, ni porque nos portemos bien. Es más; diríamos incluso que Él nos ama independientemente de que obremos bien o mal. No son nuestras obras, ni nuestros gestos, ni nuestras actitudes las que mueven al amor a Dios. Él nos ama, porque esa es Su Voluntad. Él ha decidido amarnos. Tenemos aquí varias lecciones que aprender. El amor de Dios es incondicional y nace de Su propia Voluntad. Él ha decidió y se ha impuesto amarnos, sin condiciones, sin diferencias y sin límites. ¿Es este el modelo de amor que debemos seguir? ¿Está a nuestro alcance amar de este modo? ¿O es que debemos contentarnos con ser amados, total esa es Su Voluntad y nada de lo que diga o haga o deje de decir o hacer cambiará Su amor por mí.? De igual modo ustedes, cuando hayan hecho todo lo que les fue mandado, digan: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer.

¿Qué ocurriría si decido responderle a Dios, ya que quieres amarme a toda costa, no te lo impediré, ámame, pero no me pidas que te retribuya, ni mucho menos que haga lo que me mandas? Dios no me amará menos por eso. Él siempre me seguirá amando, pero las cosas pueden cambiar para mí. ¿Cómo o en qué medida puede perjudicarme tal respuesta, ya que vemos que Dios me seguirá amando y el que yo no retribuya, ni le haga caso no le perjudicará? Él no será menos Dios, ni dejará de ser Dios porque yo no le ame, ni haga lo que me manda. El que corre peligro soy yo. Si no hago lo que me manda, me puedo dañar, me puedo perder y hasta me puedo matar. Puedo morir y matar a los demás congéneres que me acompañan. ¿Cómo así? Porque el único Camino para alcanzar la Vida Eterna, que es el Bien más preciado que podemos alcanzar los hombres, solo hay un modo de alcanzarlo y es haciendo lo que Dios nos manda. No hay otra forma. Él lo sabe, por eso nos lo manda. Pero nosotros somos libres para escoger el camino que más nos parezca o nos plazca. Si somos tan necios de no escoger el Camino que Dios nos señala y que es el único que nos conviene, será nuestra perdición. Él quiere y nos manda escoger el Bien, que es lo que nos conviene porque este nos garantiza la Vida Eterna, el Bien sobre los Bienes. No hay la menor duda que si escogemos este Camino seremos felices por siempre. ¡Esa es la Voluntad de nuestro Padre Creador! ¡Hagamos lo que nos dice y seremos por siempre felices! ¿Qué más podemos querer? Dios nos manda hacer o que nos conviene, lo que nos hará felices. ¿No es lo más lógico y razonable obedecerle? Sin embargo dudamos. ¿Por qué? Porque no le creemos a Jesucristo, por falta de fe. De igual modo ustedes, cuando hayan hecho todo lo que les fue mandado, digan: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer.

Entonces es la fe en Dios la que debemos pedir, cultivar y reforzar. ¿Cómo hacerlo? Orando y pidiendo esta Gracia. ¿Por qué? Porque nos conviene que así sea. Por nuestro propio Bien. Por nuestro propio interés. ¿Es que hay algo que pueda ser mejor que lo que Dios nos ofrece? ¿Hay? ¿Qué? Pues no lo hay. Lo que pasa es que no queremos arriesgar y preferimos mantener lo que tenemos, antes que perderlo todo. Y es que Dios nos pone en la disyuntiva de tener que escoger entre Dios y el Dinero y nosotros tenemos mucho Dinero, del cual no queremos deshacernos, porque nos da muchos privilegios aquí en el mundo. Con Dinero, aquí en la Tierra, se nos abren muchas puertas, tantas, que dudamos que la que Dios nos ofrece sea mejor, aunque aparente. ¿No se pueden tener las dos cosas?, nos preguntamos. ¿Por qué no tenerlo todo lo que se puede aquí, y luego ir a gozar del cielo? ¿No es posible? ¿Por qué? ¿Es que Dios es un sádico que quiere vernos sufrir? ¿O es tan mezquino y envidioso que quiere que paguemos con nuestros méritos por el cielo? Pero ya hemos dicho antes que Dios no nos ama por nuestros méritos y que estos ni incrementan, ni disminuyen su amor. ¿Entonces? Lo que ocurre es que para alcanzar la Vida Eterna, la felicidad infinita, hay que recorrer un Camino, por el cual TENEMOS que DECIDIR transitar. Si no lo hacemos, será nuestra decisión, la misma que Dios respetará, y aun amándonos infinitamente, no nos obligará a hacer lo que no queremos. Pero estamos advertidos, si no tomamos el Camino que Él nos señala, nos perderemos en las tinieblas, en la oscuridad y la muerte. Si no tomamos el Camino que Jesucristo nuestro Salvador ha venido a señalarnos, moriremos para siempre. De igual modo ustedes, cuando hayan hecho todo lo que les fue mandado, digan: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer.

Depende de nosotros. Dios nos ha creado libres. En esta libertad radica nuestra dignidad. Hemos de decidir entre Dios, la Vida Eterna y el Amor, o el Dinero, la oscuridad, la destrucción y la muerte. Dios ha hecho todo lo necesario para persuadirnos de escoger la Luz, la Verdad, el Bien, la Vida Eterna, la Felicidad Infinita. Incluso ha enviado a su propio Hijo para enseñarnos el Camino, que es el camino del Amor. Porque es por el Amor que se llega a la Vida Eterna. Pero el Amor es uno y muchas, muchísimas veces lamentablemente no corresponde con el concepto que tenemos de él. EnCorintios 13, San Pablo nos enseña lo que es el Amor, del que Jesucristo nos ha dado ejemplo con su propia vida. Él nació, vivió y murió ejecutado como el más vil delincuente, por amor a nosotros. Si alguna vez nos preguntamos hasta qué extremo tenemos que llegar para dar nuestro amor, pues aquí, en Él tenemos la respuesta: hasta morir por quienes se ama. Pero allí no terminó Su historia, porque tal como lo había anunciado Jesucristo fue resucitado por el Padre al tercer día y hará lo mismo con nosotros un día, para vivir eternamente en la Gloria de Dios. ¿Creemos o no creemos? Si creemos, enderecemos nuestros caminos y escojamos la senda del amor. Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. ¿Cómo podemos amar a Dios que no vemos? Pues amemos y sirvamos a nuestros hermanos y estaremos amando y sirviendo a Dios. Este es el ABC. No hay más. Es cuestión de decidir, con una ventaja adicional, que al decidir por el Camino que Dios nos manda, contaremos con la ayuda invalorable de Jesucristo y el Espíritu Santo de Dios. Es decir que nos estaremos sumando a Su poder, por lo tanto, lo que para nosotros era imposible, será como un juego de niños con la ayuda de Dios. Será como desplegar nuestras velas en alta mar y navegar con la corriente. Si no estamos con Dios, si queremos hacerlo por nuestra cuenta, prescindiendo de su ayuda, además de constituir una necedad, será como pretender subir el Everest con pies y manos atadas y con una mochila de 50 kilos en nuestras espaldas; es decir, imposible. ¡Decidamos hoy, que mañana puede ser demasiado tarde! De igual modo ustedes, cuando hayan hecho todo lo que les fue mandado, digan: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer.

Oremos

Padre Santo, ilumínanos para entender y asimilar la Verdad del Evangelio, de la Buena Nueva que nos trae Jesús, que debía llenarnos de gozo y felicidad, sabiendo que es tan poco lo que nos pides, que estamos a un solo paso de la Vida Eterna. Que solo debemos decirte sí, dejando el resto en manos de Cristo y el Espíritu Santo…Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor…Amén.

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